“El problema de los estados extranjeros y la amenaza que suponen es uno de los más importantes de discutir y resolver por los teóricos del sistema de ley privada”
Roderick T. Long
La frase anterior está extraída del artículo The Decline and Fall of Private Law in Iceland. Este interesante artículo se centra en las causas que, a juicio de Long, llevaron a la caída del sistema cuasi anarco capitalista que durante 332 años existió en Islandia. Es un artículo muy interesante porque los problemas que plantea son, con toda probabilidad, los mismos a los que tendría que enfrentarse una sociedad anarco capitalista moderna.
En este me centraré en el problema que da nombre a este artículo.
Desde el inicio de la mancomunidad islandesa en 930 d.C. los reyes de Noruega estuvieron intentando anexionarse Islandia de forma más o menos constante. Finalmente, en 1262 d.C. aprovechándose de los problemas internos que ellos mismos habían ayudado a fomentar, consiguieron la deseada anexión. Fue el final del sistema cuasi anarco capitalista en Islandia y lo que nos lleva a plantearnos la siguiente cuestión:
Suponiendo que en un territorio dado se lograra llegar a un sistema anarco capitalista de sociedad, ¿podría este hacer frente a la amenaza de los estados vecinos? Es decir, ¿puede haber una defensa “nacional” privada?
El planteamiento de la cuestión presupone que la “defensa nacional” es un servicio que debe mantenerse en una sociedad anarco capitalista. Rothbard decía que los servicios que presta el estado se dividen en dos: aquellos que deben privatizarse y aquellos que deben eliminarse. Según Rothbard, Hoppe, etc... la “defensa nacional” es uno de aquellos que debe mantenerse, y por tanto, privatizarse.
Mi tesis, por el contrario, es que la “defensa nacional” no puede privatizarse y que su mantenimiento lleva necesariamente a la formación de un estado.
Rothbard defiende un sistema de defensa nacional de una ingenuidad sorprendente. Se basa en tres argumentos:
1- Un territorio anarquista sería pacífico, no sería una amenaza para nadie por lo que no existiría razón alguna para que ese territorio fuera atacado por ninguna nación.
2- La gente pagaría para decidir que tipo de defensa nacional quiere. Unos pagarían por tener submarinos nucleares otros por tener misiles, etc...
3- Si finalmente el territorio fuera invadido, la guerra de guerrillas pondría fin a la invasión.
Veamos cada uno de los puntos:
1- Aún suponiendo que el territorio fuese enteramente pacífico eso no garantiza nada. Basta que fuera rico en recursos, o valioso desde el punto de vista estratégico, o sobre él recayeran antiguas reclamaciones territoriales por parte de los estados circundantes, para que estos se decidieran a apropiarse, de golpe o paulatinamente, del territorio. Las evidencias históricas son abrumadoras en este sentido. Más probablemente utilizarían conflictos internos como excusa para apropiarse del territorio, siempre en teoría por el bien de los habitantes de este, ya saben, para el mantenimiento de la paz. Pero es que además nada garantiza que individuos o grupos de individuos del territorio anarquista no realizasen pillajes o actividades ilícitas en territorio del estado vecino, dando la excusa perfecta a este último para intervenir. Repito: no es que todo esto pueda pasar, es que ha pasado una y otra vez a lo largo de la Historia. Por poner un ejemplo: todo el proceso de expansión del imperio romano en Hispania y Galia se hizo de esta manera.
2- La gente tiende a no protegerse frente a peligros que no parecen inminentes. Muy pocos hoy en día se protegen frente accidentes más comunes como incendios, casi nadie frente a catástrofes menos probables como terremotos. Pensar que la gente va a destinar voluntariamente una parte de su renta a comprar submarinos por la posibilidad de ser atacados en una guerra es poco realista. Además, el coste de los ejércitos modernos es astronómico, por lo que difícilmente podría financiarse de forma exclusivamente voluntaria. Atrás quedaron los tiempos en los que lo más avanzado tecnológicamente en un ejercito era un cañón. Las necesidades de capital de estas compañías serían altísimos y los costes de una guerra aún más. Las compañías privadas tendrían fuertes incentivos económicos para poner fin a un conflicto (lo que incluye rendirse ante un estado agresor), pero los estados no. Y, dado que un empresa busca el beneficio y no se mueve por ideología o patriotismo, sin duda estas compañías se rendirían ante el enemigo cuando este les ofreciera formar parte de su complejo industrial-militar (monopolio garantizado, subsidios, etc...), o, directamente, formar parte del nuevo gobierno de ocupación.
3- La guerra de guerrillas no siempre es efectiva, de hecho hay más ejemplos de su poca efectividad que de su éxito. Otras veces el conflicto se estanca, aumentando el sufrimiento de la población, lo cual es un poderosísimo incentivo para el estatismo, que promete restablecer la paz al coste que sea. Es cierto que una guerrilla puede acabar agotando a un ejercito invasor pero a costa de formar otro estado. Como dijo el historiador anarquista español Diego Abad de Santillán, no hay algo como una guerra anarquista. La guerra es la negación del anarquismo, se gana o se pierde, y, añado yo, por tanto no puede producir algo libertario. Un ejercito, incluso si es una guerrilla, para tener éxito debe centralizarse, recaudar fondos, imponer una ley y al final constituye en si mismo un estado.
Alguien puede decir que el territorio anarquista podría buscar un acuerdo con otro estado enemigo de aquel que nos ataca, pero aparte del hecho de que se trataría de una amistad muy peligrosa, siempre cabe preguntarse: ¿quién llegaría a un acuerdo si nadie representa al territorio anarquista? Por otro lado la gente es muy pragmática y pocos son los que estarían dispuestos a una resistencia total por defender su estilo de vida. Hay que entender que los ejércitos invasores no siempre entran como elefante en una cacharrería. Muchas veces hacen toda clase de promesas, afirmando que mantendrán el estilo de vida de los invadidos. Una vez asentados en el territorio hacen lo que quieren.
En Islandia no existía ninguna institución común dedicada a la defensa exterior. No existía un ejercito islandés ni la posibilidad de llamar a la formación de una milicia ad hoc. Lejos de suponer esto una mala decisión por parte de los islandeses, era consecuencia necesaria, en mi opinión, del sistema anarco capitalista en el que vivían. La ausencia de un poder ejecutivo llevaba necesariamente a la ausencia de un ejercito. Y fue esa ausencia tanto de poder ejecutivo como de ejercito la que junto a otras causas, en mi opinión, permitió que el sistema funcionase más de 300 años. Si, ceteris paribus, se hubiera introducido el factor de un ejercito centralizado, el sistema no habría durado nada. Un ejercito nacional habría supuesto la existencia de un impuesto para su financiación (como existió un impuesto para financiar a la iglesia, otra de las causas de la caida de la mancomunidad), ese dinero recaudado supondría un incentivo enorme que, para más inri, iría acompañado de la fuerza de las armas. La existencia del ejercito habría supuesto la aparición de un poder ejecutivo (o viceversa).
El poder de recaudar y un ejercito permanente son, como decía Patrick Henry, el caldo de cultivo de toda tiranía.
De modo que por un lado la idea de que se puede privatizar la defensa nacional es falsa. El mismo concepto de defensa nacional no tiene sentido en ausencia de estado. Sin estado no puede haber defensa nacional, porque no hay nación. Además como hemos visto es técnicamente inviable porque todos sabemos que el estado es una competencia desleal. Unas compañías privadas no podrían competir jamás con los cuasi infinitos recursos de un estado. Si el territorio anarquista no puede tener defensa nacional y está rodeado por otros estados ¿podría hacer frente a una invasión? Obviamente no.
Los ejemplos históricos son abrumadores en este sentido (Irlanda es otro buen ejemplo. Cuando finalmente alcanzaron la independencia fue a costa de crear el estado irlandés). Finalmente, los anarquistas (como sucedió en la Guerra Civil española) tendrían que optar por crear algo parecido a un ejercito y a un gobierno o salir derrotados (paradigmático el caso del Consejo de Aragón durante la Guerra Civil española o la militarización de las milicias), convirtiéndose en ese instante en un estado.
Por lo tanto, como decíamos, no solo es que no se pueda privatizar la defensa nacional, es que no se debe. El establecimiento de un ejercito significa la creación de un estado en si mismo. Más aún, en ausencia de otros poderes del estado, el ejercito recién creado los acapararía todos: recaudaría los impuestos, impartiría justicia, crearía normas y las ejecutaría. Y todo ello con la fuerza de las armas. Es decir ni siquiera se transformaría en un estado limitado, sería directamente una suerte de régimen militar.
Entonces ¿qué puede garantizar la tranquilidad de un territorio anarquista frente a las amenazas externas? En última instancia solo una cosa: la separación física, la lejanía respecto a los estados. La Historia lo demuestra: todos los experimentos más exitosos y duraderos lo fueron gracias a la lejanía respecto a los estados: algunas colonias de la América inglesa, la Islandia e Irlanda medievales, el far west (nótese lo de “far”), etc...
Todos tienen en común el hecho de haber estado físicamente separados de los estados más próximos. En el momento que estos, por diversas razones, se acercaron a aquellos, los experimentos, más pronto que tarde, se acabaron.
¿Qué posibilidades tenemos entonces de llegar al anarco capitalismo? Mientras el mundo esté dividido en estados ninguna. Todas las tierras conocidas y habitables forman parte hoy en día de algún estado. No existe ya la posibilidad de alejarse físicamente de los estados. Por tanto, a menos que el mundo abandone algún día y globalmente la organización y división en estados, no creo que podamos ver el anarco capitalismo funcionando en el planeta.
Y, dicho sea de paso, el mejor modo de acercarnos a una Tierra sin estado no es, como proponen muchos ancaps, dividir el mundo en miles de microestados. Eso sería una vuelta atrás, no un paso adelante. Vuelta a las polis, a las microguerras continuas y a esperar que algún microestado algo más grande y ambicioso comience de nuevo el proceso imperialista.
No. Sería preferible que se acelerasen los procesos de integración territorial. Menos estados, pero más grandes y, por tanto, más inoperantes e ineficaces.
Así y todo la caída de esos supraestados no garantizaría el que no surgieran de nuevo estados más pequeños, particularmente si el fantasma del nacionalismo sigue presente en el mundo. Y puede que el famoso inversor Jim Rogers tenga razón cuando dice que en treinta años veremos 400 estados en lugar de 200.
Realmente es probable que, al final, la única posibilidad de ver una sociedad libertaria en funcionamiento no esté en la Tierra. Que, emulando a los puritanos o a los vikingos, tengamos que buscar, literalmente, un nuevo mundo. Pero esto, claro está, es ya ciencia ficción, aunque perfectamente posible si el estatismo no arruina la civilización, impidiendo con ello la acumulación del capital necesario para semejante empresa.
1 comentarios:
Una solución podría ser la fundación de "micro estados" al amparo de otros estados de gobierno limitado con los que se tendría una relación parecida a la que tiene un inquilino con su casero.
¿ Ejemplos ?
Los judíos ortodoxos en el actual Israel, Costa Rica, el Japón anterior a la Guerra de Corea, Mónaco, ...
Así, en este sentido, lo del enclave de Friedman en la baía de San Francisco puede que funcione.
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