jueves, 17 de noviembre de 2011

Rebelión de Atlas: la película.

He visto finalmente la película de La Rebelión de Atlas. Previamente había leído algunas críticas que la ponían bastante mal, sin embargo tras verla puedo decir que no me ha decepcionado tanto como esperaba.

Es verdad que no es una buena película, pero creo que hay que diferenciar qué parte de ello es responsabilidad de los creadores de la propia película, y qué parte es achacable al libro en que se basa.

Respecto a lo primero se ve que falta presupuesto, lo cual ha llevado a la contratación de actores que van de lo malo a lo soso, y que, en cualquier caso, no tienen tirón alguno. El guión hace lo que puede para comprimir la mitad de la novela en hora y media, y no creo que se le pueda criticar esto, es más, lo hace bastante bien a mi juicio. Quizás otro formato, como una miniserie o serie de televisión, hubiese sido más apropiado pero conseguir el dinero para ello sería imposible.

Por otro lado los personajes son fríos, planos y bastante poco expresivos pero esto no es culpa de la película, ya que así son los personajes de la novela.

A pesar de todo esto, los personajes de la película me resultan bastante más creíbles que los de la novela. Para empezar el hecho obvio de utilizar seres humanos de carne y hueso hace que la maniquea idealización física de la novela desaparezca. Ni los buenos son superguapos y atractivos (Dagny es, a mi juicio, más bien lo contrario), ni los malos feos e increíblemente estúpidos (Jim es un tipo guapo y bastante irónico). Y por otro lado, la necesidad de condensar la novela nos ahorra los discursos y reflexiones morales de cada personaje, solo vemos lo que hacen o dicen a otros, lo cual ayuda a humanizarlos.

Como ya habréis caído en la cuenta no soy un fan de la novela de Rand. Me pareció un tostón enorme, un circunloquio de más de 1000 páginas para decir algo que se podía decir en un ensayo de muchas menos. Sus héroes perfectos me resultan, literalmente, increíbles. Lo mismo que sus villanos.

Se que eso responde a la concepción del arte que tenía Rand, que pretendía que sus personajes fuesen encarnaciones de valores y contravalores, pero a mi me aburre hasta la muerte y me parece una forma completamente errada de inspirar unas ideas en el público, sobre todo en esta época de información masiva y suspicacia sin límites, donde a los superhéroes tipo Capitán América y a los supervillanos como Craneo Rojo ya no se los cree nadie.

Me inspiran mucho más los personajes realistas, con sus contradicciones. Sean personajes reales o de ficción. El Jefferson que poseía esclavos al estar endeudado hasta los ojos. El Patrick Henry que daría su vida por la libertad pero le obsesionaba el conseguir dinero a toda costa. El Mandela que aceptó la ayuda de Gadafi y era un padre desastroso. El Tom Paine rencoroso porque Washington no le ayudaba en sus negocios particulares. Y también, ¿por qué no? esa Ayn Rand adalid de la racionalidad y que dirigía su grupo como una secta.
O si de personajes ficticios hablamos mejor los de Robert Heinlein o los personajes de muchas películas y novelas. ( creo que haré un post al respecto). En fin, seres humanos con sus aciertos y defectos.

Son concepciones del arte distintas y válidas las dos. Valle-Inclán llamaba a Galdós “Don Benito el garbancero” por ser este un escritor muy realista y detallista. Bueno, yo en literatura prefiero los Episodios Nacionales a La Corte de los Milagros, que se le va a hacer.

Como digo la novela no tiene nada de esa humanidad y, sin embargo, la película consigue suavizar ese, para mi, defecto. Solo por eso la película ya me resulta más interesante.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Hace 22 años...


Caía el muro de Berlín y con él la mayor farsa de la historia de la Humanidad: el comunismo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

CULTURA DE LIBERTAD

¿Puede una semilla, aunque sea de muy buena calidad, crecer en terreno baldío? Difícilmente.

Si la semilla de la que hablamos es la libertad, ¿cuál debe ser el “suelo” apropiado para que crezca?

Siempre se dice que la libertad es el mayor valor político, pero solamente político. De modo que, por ejemplo, en una sociedad libertaria uno podría vivir como un siervo, totalmente dependiente de la voluntad de algún otro. En tanto este sometimiento fuese libremente elegido no habría problema. Es decir que la libertad se refiere únicamente a la ausencia de coacción.

Pero cabe preguntarse si, aquí y ahora, una cultura de la dependencia, en primer lugar respecto del estado, pero también respecto a otros, no es el principal problema al que los libertarios se enfrentan.

Donde lo colectivo tiene mejor imagen que lo individual, donde egoísta es el peor insulto que se le puede dirigir a alguien, donde se llama derechos a cosas que no son más que privilegios, donde hacerse rico es algo despreciable, donde nadie en todo el espectro político cuestiona el estado del bienestar, donde un invento autoritario y fascista como la seguridad social es visto como el culmen del progreso, donde los políticos dicen que van a crear trabajo y casi nadie cuestiona lo absurdo de tal afirmación, etc... ¿pueden las ideas de libertad individual desarrollarse?

Es decir, si solo nos centramos en denunciar y atacar la coacción, esto es, la falta de libre voluntad, podemos perder de vista que mucha gente desea voluntariamente estar sometida al estado y a otros (y obligarnos a nosotros a lo mismo). ¿Cómo se responde a esto?

El enemigo es la coacción, de acuerdo, pero ésta solo se mantiene porque millones de personas la defienden.

El estado español no existe solo gracias a los 80 y pico mil cargos políticos electos, ni gracias a los más de 3 millones de empleados públicos, el estado sobrevive porque 25 millones de españoles votan a unos partidos que defienden el actual estado de cosas. El 90% de los españoles (y europeos) es colectivista. Cree en el estado y lo defiende. ¿Alguien cree que en ese desierto colectivista puede crecer la semilla de la libertad?

La razón de por que los EE.UU. son o eran hasta hace poco, el país más libre de la tierra es en gran parte cultural, y me atrevería a decir que aritmética. Allí se concentró un porcentaje de población liberal inusualmente alto en comparación a cualquier otro país. Gentes perseguidas en Europa por sus creencias junto a gente de clase alta de gran cultura clásica dieron lugar a ello. ¿Cómo iba a surgir algo parecido en, por ejemplo, Latinoamérica, donde la libertad religiosa jamás existió y donde la gente vivía en una sistema feudal apenas disimulado?

¿Es casualidad que el estatismo comenzase a desarrollarse en EE.UU.con el desarrollo del pietismo protestante que creía firmemente en la ingeniería social? ¿Y que creciera enormemente con la llegada de millones de irlandeses famélicos educados en la idea de que un gobierno debería preocuparse de alimentar a sus súbditos?

De modo que sin denunciar esos falsos conceptos en los que se basa nuestra sociedad, sin destruir esas vacas sagradas y sustituirlas por nuevos principios, poco es lo que podemos esperar. Hay que gritar con fuerza ciertas cosas, algunas son las que siguen:

- No existen más derechos que VIDA, LIBERTAD Y PROPIEDAD. Y no, no existe eso a lo que llaman “derechos sociales”.
- No hay nada malo en querer hacerse rico, ni en serlo. Si no se ha utilizado la violencia o el fraude para conseguirlo, no solo no es malo sino que es digno de admirar y emular.
- Inmoral es vivir a crédito y no hacer frente a las deudas de uno.
- Inmoral es exigir que a uno lo financien a costa del dinero de los demás.
- Inmoral es usar la fuerza o pedir al estado que la use para reprimir conductas que no dañan la vida, libertad o propiedad de nadie pero que, por lo que sea, no nos gustan.
- El capitalismo ha llevado a la humanidad a las mayores cotas de bienestar jamás experimentadas en su historia y prehistoria.

Seguro que se os ocurren muchas otras. Junto a esto hay que potenciar y publicitar todo hecho cultural que defienda valores individualistas. Y si no existen deben ser creados: películas, libros, canciones, videojuegos, comics, festivales, eventos, etc...

Cada afirmación colectivista que aparezca en un diario debe ser rebatida con una carta al director o un comentario. Hay que alabar y enaltecer a los emprendedores (como Jobs) y denigrar a los parásitos que afirmen su derecho a vivir a costa de los demás.

Hay, en suma, que crear una cultura de la libertad.